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PAS: ¿una etiqueta? ¿Un justificativo?

PAS: ¿una etiqueta? ¿Un justificativo?

En éste tiempo que apasionada y comprometidamente, como buena PAS, llevo estudiando e investigando sobre el rasgo he leído y escuchando ciertas cosas que me han dejado reflexionando.

Alguien contó que su psicóloga, hoy ex psicóloga, cuando ella con alivio (sentimiento compartido por todos los que descubrimos nuestra alta sensibilidad) le habló sobre el rasgo, lo desestimó diciendo que era una forma de quedarse en la zona de confort y no hacerse cargo de su subjetividad. Testimonios similares encontré acompañados de la soledad en la que quedaron al no poder continuar su proceso terapéutico por carecer de apertura, empatía y comprensión sus respectivos “profesionales”.

Hace poco cuando le hablé de la importancia de la difusión a alguien que trabaja con gran interés y trayectoria en temas relacionados con la salud, me comentó que un reconocido grupo de psicólogos no sólo desestimaron sino que de alguna manera criticaron el tema porque a su parecer era una manera de “etiquetar”; como me gustan los debates, agradecí su comentario e intenté explicar por qué no era un etiqueta, o si lo era en éste caso como en otros, era lo de menos, porque lo más importante es que lo sería de manera positiva ya que ayuda a conocerse y por ende saber como moverse en la vida, lo digo por experiencia propia y profesional. Sirve para tener un buen diagnóstico de sí mismo, y si a eso llaman etiquetar, lo respeto, pero no lo comparto (diagnóstico viene de conocimiento, erróneamente se lo relaciona con patología).

Rechazo las etiquetas que limitan, encasillan, segregan, y generan la autoexclusión dejando en la inacción. Pero poder poner nombre a un sentir, más aún cuando a veces ese sentir deja de ser placentero, cuando ese sentir se tilda de “demasiado sensible”(invisibilizando una virtud vapuleada y tan necesaria en quienes carecen de ella), poder poner un nombre y encontrar experiencias compartidas con otros, cuando eso deja de hacerte sentir “la/el rara/o” de siempre, entonces ahí celebro el valor de saber nombrar, porque como dice I. Allende: “la palabra define, preserva y aclara”.

Nunca se trata tanto de qué sino de cómo. Una PAS puede creerse “diferente”, “iluminada” o problemática, depresiva, según la experiencia o grado de conciencia. Y puede quedarse en la zona de confort, como dijo aquella psicóloga, o trabajar para conocerse y llevarse mejor consigo misma y con el mundo, ese mundo que por desconocimiento de “la etiqueta” puede volverse hostil. O puede saber que simplemente su modo de percibir y sentir es mas profundo y en base a eso trabajar en uno mismo.

Conocer y relacionarnos verdadera y profundamente con nuestras fortalezas y nuestras debilidades nunca tiene nada de confortable, seas PAS o no lo seas. Las PAS no se evitan de tener que sacar valentía para enfrentarse con sus zonas oscuras y constancia y temple para forjar los cambios que se requieran. Después de todo no es tan distinto de cualquier trabajo de crecimiento interior que siempre requiere reformular la manera de verse uno mismo y de entender al mundo. Conocimiento, aceptación, autovalidación, comprensión y trabajo constante.

Si me preguntan si ser PAS es una etiqueta o un justificativo, puede serlo tanto como decir que al nombrar a alguien “celíaco”se lo está etiquetado, no es ni bueno ni malo serlo, simplemente se es, sí creo definitivamente bueno y sanador saberse tal para manejarse mejor en la vida sin exponerse ni “comerse” cosas que pueden hacer daño y disfrutar de otras que quizás no conocerían de no haber tenido esa sensibilidad, al gluten o al sentir.

Tamara Echeverría

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