Alta Sensibilidad y emociones

Un tema que me parece fundamental conocer para las personas con Alta Sensibilidad es que existe la adicción a las emociones. Es algo que ocurre en todas las personas. Dado que las PAS tenemos una capacidad para sentir emociones muy intensa, nos hace más vulnerables a caer en estas adicciones y los comportamientos autodestructivos que acarrean.
Actualmente, con el fallecimiento de mi padre, he pasado por estados de intenso estrés y tristeza. Y cuando digo intenso, es intenso como solo un PAS sabe sentir. Y la verdad es que ha superado los límites que yo conocía en mí. Pero no hay nada de malo en ello. El problema sería quedarse aferrado a esas emociones. Por fortuna, me ha ocurrido en un momento de mi vida con mayor nivel de conciencia que tiempo atrás, y observo que mi cuerpo ha creado adicción a estas emociones lo que implica que busque estímulos (pensamientos, conversaciones, alimentos…) que las generen cuando no estoy presente en mi ser. Ahora me toca trabajar en esto como parte del proceso.

Una situación que me está ocurriendo de forma muy repetitiva es encontrarme con personas que no veía desde antes que falleciera mi padre y, después de darme el pésame, empiezan a relatarme de forma muy extensa el relato de sus pérdidas acaparando toda la conversación, reviviendo todo su dolor y sufrimiento y sintiéndose heridos nuevamente. Por fortuna, en lugar de molestarme como me hubiera ocurrido con anterioridad, me ha hecho ver de forma muy clara las heridas que cada persona guarda en su interior esperando la circunstancia que la reactive para revivirla. En las personas con Alta Sensibilidad esto es algo que hay que considerar mucho porque es probable que tengamos gran cantidad de heridas almacenadas en nuestra querida amígdala cerebral. La amígdala no diferencia entre la realidad o un recuerdo, y cuánto más carga emocional haya tenido ese recuerdo más profundamente se grabará en nuestra memoria. Así el hecho de recordar un suceso triste o estresante del pasado que quedó identificado por la amígdala como una situación que debemos evitar, hace que active toda la respuesta de estrés como si estuviera sucediendo en el presente. Y cuánto más lo recordemos más se fijará en nuestra mente. Cuánto sufrimiento sin sentido al revivir de forma continua las situaciones dolorosas del pasado que acaban creando adicción a sentirnos ansiosos, tristes y desvalidos. La forma de salir de esta espiral de sufrimiento es viviendo de forma consciente con atención plena a nuestros pensamientos y nuestras emociones. Sin dejarnos arrastrar por la avalancha emocional que nos invade ante ciertas situaciones. Desde luego requiere de mucha práctica y mucha paciencia, aunque la recompensa de vivir en calma lo merece.

En relación a cómo los recuerdos activan nuestras respuestas emocionales he encontrado una historia sumamente interesante:
Édouard Claparède fue un neurólogo, pedagogo y psicólogo infantil suizo. Realizó un experimento muy famoso, con el cual comprobó que el recuerdo de un evento doloroso puede retenerse en el caso de que se pierda la memoria reciente. Su experimento tuvo como sujeto de prueba a una mujer que sufría de una forma de amnesia. Podía rememorar todos sus viejos recuerdos y conservaba sus habilidades básicas de razonamiento, pero no recordaba el pasado reciente. Claparède la saludaba todos los días, pero ella no lograba recordar ni siquiera su cara. Entonces, en una sesión del experimento, escondió un alfiler en su mano y se la extendió a la mujer, lastimándola con la punta del alfiler. Al día siguiente, la dama no lo reconoció. Pero cuando Claparède le extendió la mano para estrechársela, descubrió que ella dudaba, reconociendo una amenaza aún cuando su memoria seguía estando severamente dañada. (Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89douard_Clapar%C3%A8de)
Esta historia me ha recordado la frase que se repite mucho en el mundo de la Alta Sensibilidad: “Somos un globo de emociones en un mundo lleno de alfileres”. Cuántas veces me he sentido así. Como en el caso de esta mujer que reconoció una amenaza aunque era incapaz de recordar por qué se sentía así, nosotros podemos llegar a sentirnos que el mundo es un lugar hostil para nosotros por todos los pinchazos físicos o emocionales que hemos recibido en el pasado y quedaron guardados en nuestra mente. Vivimos en un estado de alerta que no somos capaces de justificar racionalmente . Esa sensación de peligro es muy probable no seamos capaces de asociarla a una situación concreta y haya quedado en el olvido, y nos justificamos pensando que es nuestra personalidad y nos creemos miedosos, débiles o vulnerables. Cuando lo que ocurre es que no vivimos en el presente sino en fragmentos de nuestro pasado que quedaron grabados en la mente.
Y la cuestión es: ¿cómo lo superamos? Me parece que lo primero y más importante, es hacernos conscientes de que guardamos muchos recuerdos dolorosos aunque no los recordemos y que son estos recuerdos los que controlan la forma en la que interpretamos lo que nos sucede y la respuesta emocional que sentimos. Esto es lo que se denomina la mente subconsciente, y como es esta la que controla nuestra vida, obtendremos un gran beneficio si nos dedicamos a conocerla y aprender a programarla a nuestro favor, para que en nuestro mundo hayan menos alfileres que nos hagan explotar.

Relacionando conceptos, por un lado tenemos que las emociones pueden ser adictivas y, por otra parte que las personas con Alta Sensibilidad tenemos tendencia a estar continuamente en un estado de alerta, de estrés, por la interpretación que hace nuestro subconsciente de las circunstancias que nos rodean. Una cosa y la otra juntas dan como resultado una más que probable adicción al estrés. Vivir en un estado constante de estrés te hace adicto al estrés. Y sí, yo tengo esta adicción, y seguro que muchas personas con Alta Sensibilidad también. Lo vivido recientemente la ha agravado sin duda. Hay que tener claro que, por lo general, se relaciona la adicción al estrés con ser adicto al trabajo aunque en un contexto PAS no es necesariamente así. Podemos tener reacciones intensas a estímulos cotidianos que para lo que la mayoría de las personas no es estresante y, por tanto, no genera adicción para las PAS sí lo es. Situaciones tan simples como ver la televisión o viajar en coche pueden ser actividades relajantes para muchos, no es mi caso. Lo que es un día tranquilo para mi marido para mí puede ser justo lo contrario. Poco les puedo contar sobre esto que ya no sepan. Esto es muy importante porque ahora soy capaz de entender que para identificar lo que me provoca estrés tengo que observar mi respuesta individual a cada situación por obvia que parezca la situación como una conversación o incluso un pensamiento, y que tengo que ponerle mucho cuidado a no dejarme llevar por mis impulsos que me mueven a buscar situaciones que alimentan ese estrés. Aprender a parar y respirar, a buscar lo que es bueno para mí, a alejarme de lo que no lo es, a permitirme equivocarme pero siempre volver a intentarlo. En este momento de mi vida me encuentro en un momento delicado, más vulnerable a caer en estas conductas, pero es una situación superable entendiendo lo que ocurre y poniéndole ganas. Una vida en paz lo vale. Y después de vivir tantas tormentas, ¿quién puede no desear esa paz? Y si esto es válido para mí, me imagino que también lo será para muchas otras personas. Vivir con un sistema nervioso tan receptivo es un reto, aunque bien gestionado es un don. Un regalo único que la vida nos hace, no lo desaprovechemos.

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